De costado, me miro en el espejo, con el rabillo del ojo diría algún traductor, mientras extiendo mi cabeza hacia atrás. Me seca el pelo con poca energía, intentando no hacerme doler. Más fuerte- le digo- y secá mejor las puntas. Estira mi pelo todo lo que puede y con fuerza empieza a restregar la toalla en las puntas. Agradezco no haber ido a la peluquería todos estos meses. Después, me lavo los dientes.

3 Comments:

Anonymous diana- said...

cierto, qué cosa fea el momento "lavado" de la peluquería; y luego, cuando está listo, y hay que atravesar medio salón con la toalla en la cabeza...
!!!

7:21 PM  
Blogger ignea said...

y peor que peor, cuando te dicen "esperá cinco minutos" y te quedás, con una caras vieja esperando que cristian, o alguien así te corte el pelo, sentadita con cara de ridícula en una silla plástica con la toalla en la cabeza, mientas empezás a sentir que una gota se escapó y te corre por el cuello.

6:44 PM  
Anonymous marcos said...

Deliciosas gotas corriendo por mi cuello... Eran lo único bueno de ir a la peluquería.

6:27 PM  

Publicar un comentario

<< Home